Documentos: Fernando Flores en uno de los seminarios de Werner Erhard

Fernando Flores es probablemente uno de los exponentes más paradigmáticos de los cruces que quisiera explorar este blog. Decidida y vigorosamente contrario a vincular sus metodologías de gestión comunicacional, sus entrenamientos catárticos y su interés por la “apertura del mundo” a cualquier tipo de terapia light o intervención new age, es un hecho que en su experiencia californiana de los años 80 – donde todo comenzó–, el mundo de los workshops y de los seekers que invadían por entonces la costa oeste de Estados Unidos jugó un papel fundamental.

La relación más importante de Flores con aquel mundo del desarrollo personal y las dinámicas de grupo fue sin dudas la que mantuvo con Werner Erhard por largos años. Completamente ignorada por los medios chilenos al momento del regreso de Flores a Chile a fines de los años 80 (imposible encontrar una sola referencia a Erhard en las notas y reportajes que la prensa chilena realizó por entonces en torno a la figura del ex ministro de Allende), lo cierto es que la relación con Erhard fue decisiva para la carrera del actual presidente del Consejo de Innovación.

Fernando Flores conoció a Werner Erhard en 1977, un año después de llegar al exilio en California, tras haber estado preso en Dawson, Ritoque y Tres Álamos desde el mismo día del Golpe. Por esos años, Erhard, ya gozaba de una fama hollywoodiana en Estados Unidos, gracias a la popularidad que habían alcanzado sus semiarios de superación personal. Los est (“erhard seminar training”, así, en minúsculas) eran un ecléctico workshop dedicado al desarrollo de personas, que mezclaban, en una alquimia casi perfecta, todos los elementos de la cultura terapéutica norteamericana de la época (un líder carismático, referencias ultra pragmáticas a la filosofía oriental, a la psicología humanista) en un curso rápido de 60 horas, durante dos fines de semana. Atiborrados de gente desde su creación, en 1971, los seminarios de Erhard proponían una intervención violenta, rápida y profundamente movilizadora, cuyo objetivo era el de generar una “verdadera transformación” en las personas, ayudándolas a “hacerse responsables” de ellas mismas mediante una mixtura de discurso de autoayuda y una serie de ejercicios y tecnologías de trabajo emocional.

Flores asistió a esos seminarios mientras concebía las ideas fundamentales para su tesis de doctorado en Filosofía del Lenguaje en Berkeley, las que sintetizaban, en un movimiento a todas luces innovador, los aportes de la biología del conocimiento de Maturana, la “fenomenología de la historia” de Heidegger, las críticas de Dreyfus (su profesor guía) al campo de la Inteligencia Artificial y las tesis sobre la performatividad del lenguaje de Searle y Austin. Esa tesis, fundamento teórico de lo que serían, por una parte, sus talleres de “Comunicación para la Acción” de los años 80 y, por la otra, de la herramienta computacional destinada a complementar su aplicación dentro de las empresas y organizaciones – El Coordinador –, encontró su primera aplicación práctica, precisamente, en los seminarios de Erhard. Flores vio en ellos una oportunidad para poner en práctica sus planteamientos mientras que el gurú californiano encontró en ellos una herramienta de trabajo más sistemática y legitimada, que le permitía elaborar de mejor modo sus concepciones sobre la comunicación, el lenguaje y la transformación personal[1].

La colaboración, sin embargo, no duró mucho tiempo. Para 1985 Flores ya se había convertido en un referente en el mundo de la reeducación y del management por sí solo y los escándalos ligados a la empresa de Erhard (denuncias de manipulación, estafa, de comportamientos sectarios, entre otros) terminaron por romper oficialmente la relación ese año, aunque algunas fuentes aseguran que siguió participando como accionista de las empresas de Flores por algunos años más. Como sea, la impronta de los seminarios de Erhard influenció crucialmente la forma de intervención de Flores en sus propios talleres y dinámicas. Las dinámicas catárticas que hicieran célebre a Flores en los años 90 y que constituyen el lado más popularizado de sus estrategias de “rediseño ontológico” – en especial las de su hijo más pragmático, el coaching de mismo apellido – son incomprensibles si no observamos este origen anclado en lo más profundo de la revolución new age norteamericana.

Una imagen de la colaboración de Erhard y Flores en el marco de los seminarios est en el siguiente video:


[1] . Sin ir más lejos, la publicación de la tesis de Flores en 1982, bajo el título Management and communication in the office of the future, contó con un importante apoyo financiero de parte de Erhard.

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